Poems on the topic: muerte

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RomanticRubén Darío

Margarita

Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está, Cuando cenamos juntos, en la primera cita, En una noche alegre que nunca volverá. Tus labios escarlatas de púrpura maldita Sorbían el champaña del fino baccarat; Tus dedos deshojaban la blanca margarita «¡Sí... no... sí... no...» y sabías que te adoraba ya! Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías; Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo; Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías. Y en una tarde triste de los más dulces días, La Muerte, la celosa, por ver si me querías, ¡Como a una margarita de amor, te deshojó!
AnxiousRubén Darío

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, ¡y no saber a dónde vamos, ni de dónde venimos!...
ContemplativeManuel Gutiérrez Nájera

Para entonces

Quiero morir cuando decline el día, en alta mar y con la cara al cielo, donde parezca sueño la agonía, y el alma, un ave que remonta el vuelo. No escuchar los últimos instantes, ya con el cielo y con el mar a solas, más voces ni plegarias sollozantes que el majestuoso tumbo de las olas. Morir cuando la luz, triste, retira sus áureas redes de la onda verde, y ser como ese sol que lento expira: algo muy luminoso que se pierde. Morir, y joven: antes que destruya el tiempo aleve la gentil corona; cuando la vida dice aún: soy tuya, aunque sepamos bien que nos traiciona.
DreamyManuel Gutiérrez Nájera

Non omnis moriar

¡No moriré del todo, amiga mía! De mi ondulante espíritu disperso, algo en la urna diáfana del verso, piadosa guardará la poesía. ¡No moriré del todo! Cuando herido caiga a los golpes del dolor humano, ligera tú, del campo entenebrido levantarás al moribundo hermano. Tal vez para entonces por la boca inerme que muda aspira la infinita calma, oigas la voz de todo lo que duerme con los ojos abiertos de mi alma. Hondos recuerdos de fugaces días, ternezas tristes que suspiran solas; pálidas, enfermizas alegrías sollozando al compás de las violas...
SadLope de Vega

Quiero escribir y el llanto no me deja

Quiero escribir, y el llanto no me deja; pruebo a llorar, y no descanso tanto; vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto: todo me impide el bien, todo me aqueja. Si el llanto dura, el alma se me queja; si el escribir, mis ojos; y si en tanto por muerte o por consuelo me levanto, de entrambos la esperanza se me aleja. Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra el centro deste pecho que enciende le di (si en tanto bien pudieres verte) que haga de mis lágrimas la letra, pues ya que no lo siente, bien entiende: que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.
DreamyLeopoldo Lugones

La blanca soledad

Bajo la calma del sueño, calma lunar de luminosa seda, la noche como si fuera el blanco cuerpo del silencio, dulcemente en la inmensidad se acuesta. Y desata su cabellera, en prodigioso follaje de alamedas. Nada vive sino el ojo del reloj en la torre tétrica, profundizando inútilmente el infinito como un agujero abierto en la arena. El infinito. Rodado por las ruedas de los relojes,
DreamyLeopoldo Lugones

Delectación morosa

La tarde, con ligera pincelada que iluminó la paz de nuestro asilo, apuntó en su matiz crisoberilo una sutil decoración morada. Surgió enorme la luna en la enramada; las hojas agravaban su sigilo, y una araña en la punta de su hilo, tejía sobre el astro, hipnotizada. Poblóse de murciélagos el combo cielo, a manera de chinesco biombo; tus rodillas exangües sobre el plinto manifestaban la delicia inerte, y a nuestros pies un río de jacinto corría sin rumor hacia la muerte
SadJosé Martí

Versos sencillos (IX)

Quiero, a la sombra de un ala, contar este cuento en flor: la niña de Guatemala, la que se murió de amor. Eran de lirios los ramos; y las orlas de reseda y de jazmín; la enterramos en una caja de seda... Ella dio al desmemoriado una almohadilla de olor; él volvió, volvió casado; ella se murió de amor. Iban cargándola en andas obispos y embajadores; detrás iba el pueblo en tandas, todo cargado de flores...
RomanticGustavo Adolfo Bécquer

Rima XXXVII

Antes que tú me moriré: escondido En las entrañas ya El hierro llevo con que abrió tu mano La ancha herida mortal! Antes que tú me moriré: y mi espíritu En su empeño tenaz, Sentándose á las puertas de la muerte, Allí te esperará. Con las horas los días, con los días Los años volarán, Y á aquella puerta llamarás al cabo... ¿Quién deja de llamar? Entonces, que tu culpa y tus despojos La tierra guardará, Lavándote en las ondas de la muerte Como en otro Jordán;
SadGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXXI

No dormía; vagaba en ese limbo En que cambian de forma los objetos, Misteriosos espacios que separan La vigilia del sueño. Las ideas, que en ronda silenciosa Daban vueltas en torno á mi cerebro, Poco á poco en su danza se movían Con un compás más lento. De la luz que entra al alma por los ojos Los párpados velaban al reflejo, Mas otra luz el mundo de visiones Alumbraba por dentro. En este punto resonó en mi oído Un rumor semejante al que en el templo Vaga confuso, al terminar los fieles Con un Amén sus rezos.
ContemplativeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXIX

Al brillar un relámpago nacemos, Y aún dura su fulgor cuando morimos: ¡Tan corto es el vivir! La gloria y el amor tras que corremos, Sombras de un sueño son que perseguimos: ¡Despertar es morir!

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