Voy a dormir — Análisis del poema

Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera; una constelación, la que te guste; todas son buenas: bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes... te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido...

Show the whole poemHide the poem

Aplicación Learn Poems

Prueba la app Learn Poems

Todo lo del entrenador web y más: nuevos ejercicios, grabación de voz y opción de compartir, recordatorios, repaso rápido.

Alfonsina Storni convierte la despedida en una ceremonia íntima en «Voy a dormir». La voz no anuncia la muerte ni la nombra: pide que la acuesten. Desde el primer verso, la naturaleza aparece como una «nodriza fina» con «dientes de flores», «cofia de rocío» y «manos de hierbas». Esa figura materna debe tener listas «las sábanas terrosas / y el edredón de musgos escardados»: la tumba se vuelve cama y el morir, un sueño.

El poema está construido como un soneto libre de catorce endecasílabos en dos cuartetos y dos tercetos, pero sin rima. Ese verso blanco produce una cadencia de nana, contenida y casi susurrada, mientras los encabalgamientos dejan que una idea repose sobre la siguiente. Por ejemplo, el pájaro que «te traza unos compases / para que olvides...» extiende el gesto musical más allá del corte de verso.

En el segundo cuarteto, la hablante pide una lámpara: «Ponme una lámpara a la cabecera; / una constelación, la que te guste; / todas son buenas: bájala un poquito.» Lo cósmico se vuelve doméstico: una constelación entera sirve de lámpara de noche y puede bajarse un poco, como para no desvelar a quien ya se entrega. Ese «todas son buenas» también es importante: no hay elección ni exigencia, solo aceptación.

Después llega un gesto paradójico. Pide «Déjame sola» y, a la vez, consuela a la nodriza: le hace oír los brotes que se abren, imagina un pie celeste que la acuna y un pájaro que le traza compases «para que olvides...». La atención pasa del yo al tú; quien se despide cuida a quien la cuida. Es una manera de evitar el patetismo y de convertir la partida en un recíproco arrullo.

El cierre rompe ese clima. «Gracias. Ah, un encargo: / si él llama nuevamente por teléfono / le dices que no insista, que he salido...» El pronombre «él» queda deliberadamente impreciso, y el teléfono introduce el mundo contemporáneo dentro de la escena natural. La frase «que he salido» es coloquial y elusiva: no dice «he muerto», sino que ha salido, como si la muerte pudiera anunciarse con una excusa cotidiana. Ese final deja una fisura de dolor o de hastío que contrasta con la serenidad anterior.

Por eso el poema es significativo: logra una despedida sin estridencias, hecha de cortesía, naturaleza y silencio. Compuesto hacia el final de la vida de Storni, suele leerse como una despedida; aun sin ese dato, el texto se sostiene como una meditación sobre la muerte convertida en sueño. Su fuerza está en la mezcla de lo cósmico y lo diario —la constelación-lámpara y el teléfono— y en una voz femenina que no suplica ni se lamenta, sino que pide, ordena con dulzura y, al final, deja un encargo.

Read also

More by Alfonsina Storni

All poems
AngryAlfonsina Storni

Hombre pequeñito

Hombre pequeñito, hombre pequeñito, Suelta a tu canario que quiere volar... Yo soy el canario, hombre pequeñito Déjame saltar.
SadAlfonsina Storni

Dulce tortura

Polvo de oro en tus manos fué mi melancolía; Sobre tus manos largas desparramé mi vida; Mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas; Ahora soy un ánfora de perfumes vacía.