La voz poética le habla a una nodriza íntima, casi maternal, y le pide que la prepare para dormir: sábanas terrosas, edredón de musgo, una constelación como lámpara. No hay angustia explícita, sino una serenidad frágil; la hablante quiere quedarse sola, escuchar cómo brota la vida y dejarse arrullar por un pie celeste. El sueño se siente definitivo, como un regreso a la tierra. Sin embargo, el último encargo cambia el tono: si él llama otra vez, que le digan que no insista, que ella ha salido. Ese mensaje revela una herida amorosa o un agotamiento íntimo y convierte la despedida en una negativa silenciosa. La atmósfera es delicada y melancólica, entre el descanso deseado y la necesidad de desaparecer sin dar explicaciones.
Voy a dormir — Resumen
Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera; una constelación, la que te guste; todas son buenas: bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes... te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido...