Delmira Agustini presenta el amor como un intruso que abre una puerta en plena noche. La voz poética recuerda una noche trágica y sollozante: todo era oscuridad hasta que una llave de oro cantó en la cerradura. Desde ese momento, la presencia amada ilumina la casa y los sentidos: los ojos brillan como diamantes, los labios beben de su copa, la cabeza descansa en su almohada. El tono es de entrega absoluta. La hablante ya no se pertenece del todo: ríe, canta o duerme al ritmo del otro, como un perro a sus pies. No hay reproche por esa invasión; al contrario, hay adoración, gratitud y hasta bendición por aquella noche oscura que floreció con una boca tempranera. La atmósfera es íntima, pasional y un poco inquietante, porque el amor se presenta como una fuerza que irrumpe y transforma.
El intruso — Resumen
Amor, la noche estaba trágica y sollozante cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura; luego, la puerta abierta sobre la sombra helante, tu sombra fue una mancha de luz y de blancura.
Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante; bebieron en mi copa tus labios de frescura, y descansó en mi almohada tu cabeza fragante; me encantó tu descaro y adoré tu locura.
Y hoy río si tu ríes, y canto si tú cantas; y si tú duermes, duermo como un perro a tus plantas. Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;
y tiemblo si tu mano toca la cerradura, ¡y bendigo la noche sollozante y oscura que floreció en mi vida tu boca tempranera!