La noche se convierte aquí en un paisaje interior: un lago de alma engarzado en la oscuridad, cristalino y quieto, urdido por las arañas del desvelo. Ese lago aparece como agua lustral contenida en un vaso de alabastro, como un espejo de pureza que hace brillar los astros y refleja la cima de la Vida en el cielo. La voz poética lo contempla con fascinación casi reverente. Sin embargo, en el último par de versos cambia el tono: el yo se define como un cisne errante de huellas sangrientas, alguien que va manchando los lagos y aun así remonta el vuelo. Conviven, entonces, la admiración por una pureza serena y la conciencia de una herida o una culpa que empaña esa calma. El resultado es un clima nocturno, sensual y ambiguo, suspendido entre la elevación y la caída.
Nocturno — Resumen
Engarzado en la noche el lago de tu alma, diríase una tela de cristal y de calma tramada por las grandes arañas del desvelo.
Nata de agua lustral en vaso de alabastros; espejo de pureza que abrillantas los astros y reflejas la cima de la Vida en un cielo... Yo soy el cisne errante de los sangrientos rastros, voy manchando los lagos y remontando el vuelo.