En estos ocho versos, Bécquer construye una escena natural donde todo parece inclinarse hacia el contacto: la brisa besa las ondas, el sol besa a la nube y la tiñe de luz, la llama se desliza para besar otra llama, y hasta el sauce devuelve el beso al río que lo acaricia. No se trata solo de una descripción: la repetición del verbo «besar» transforma el paisaje en una cadena de afectos, como si la naturaleza entera estuviera regida por la ternura. El yo poético no se nombra, pero su mirada transmite una emoción contenida, entre la admiración y el deseo de participar en esa armonía. El ritmo suave y las imágenes luminosas crean un ambiente íntimo, suspendido, casi de ensoñación, donde besar parece la forma más natural de estar cerca.
Rima IX — Resumen
Besa el aura que gime blandamente Las leves ondas que jugando riza; El sol besa á la nube en Occidente Y de púrpura y oro la matiza; La llama en derredor del tronco ardiente Por besar á otra llama se desliza, Y hasta el sáuce, inclinándose á su peso, Al río que le besa, vuelve un beso.