La voz que habla en estos versos se presenta como alguien marcado por la desgracia. Su vida no es un terreno fértil, sino un erial: un espacio seco, vacío, donde nada bueno prospera. La imagen de la flor que se deshoja al tocarla refuerza esa sensación de impotencia: cualquier cosa bella o viva que se le acerque acaba dañada. No se trata solo de mala suerte pasiva; el hablante siente que hay una voluntad hostil detrás, alguien que va sembrando el mal en su camino para que él, inevitablemente, lo recoja. La brevedad de la estrofa concentra esa idea: cinco versos bastan para trazar un destino cerrado. El tono es amargo y resignado, con un fuerte aire de fatalidad; no hay queja violenta, sino una constatación dolorosa de que el sufrimiento forma parte de su camino y no encuentra salida.
Rima LX — Resumen
Mi vida es un erial; Flor que toco se deshoja; Que en mi camino fatal, Alguien va sembrando el mal Para que yo lo recoja.