Un relámpago ilumina la noche y, en ese brevísimo destello, el poema encierra toda una vida: nacemos cuando aparece la luz y morimos antes de que su resplandor se apague. Por eso el hablante exclama que el vivir es corto, casi un parpadeo. Luego da un giro: aquello que deseamos con más fuerza, la gloria y el amor, no son realidades sólidas, sino sombras de un sueño que perseguimos sin alcanzar del todo. La última línea resulta inquietante: si la vida es sueño, despertar equivale a morir. El tono no es de rabia, sino de melancolía contenida y asombro. Bécquer crea una atmósfera íntima, nocturna y frágil, en la que la existencia aparece como un instante luminoso rodeado de oscuridad, y la muerte no se presenta como algo lejano, sino como el despertar que aguarda al final del sueño.
Rima LXIX — Resumen
Al brillar un relámpago nacemos, Y aún dura su fulgor cuando morimos: ¡Tan corto es el vivir!
La gloria y el amor tras que corremos, Sombras de un sueño son que perseguimos: ¡Despertar es morir!