El hablante formula dos preguntas esenciales —de dónde viene, adónde va— y responde con imágenes de pesadumbre. Su origen no es un lugar acogedor: es un sendero áspero, lleno de huellas ensangrentadas y de jirones de un alma que las zarzas han desgarrado. Nacer, aquí, no aparece como un comienzo luminoso, sino como la entrada a un camino ya marcado por el dolor. El destino es aún más desolado. El hablante cruza un páramo sombrío, un valle de nieves eternas y brumas melancólicas, hasta llegar a una piedra solitaria y sin inscripción: una tumba anónima donde reina el olvido. No hay promesa de consuelo ni de trascendencia. El tono es íntimo, grave y desesperanzado. La estructura paralela de las dos preguntas refuerza la sensación de un ser atrapado entre un nacimiento que duele y una muerte que borra, con la vida como tránsito por un paisaje hostil.
Rima LXVI — Resumen
¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero De los senderos busca; Las huellas de unos pies ensangrentados Sobre la roca dura; Los despojos de un alma hecha jirones En las zarzas agudas; Te dirán el camino que conduce á mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste De los páramos cruza; Valle de eternas nieves y de eternas Melancólicas brumas. En donde esté una piedra solitaria Sin inscripción alguna, Donde habite el olvido, Allí estará mi tumba.