Rima XI — Resumen

Yo soy ardiente, yo soy morena, Yo soy el símbolo de la pasión; De ansia de goces mi alma está llena. — ¿A mí me buscas? — No es á tí; no.

—Mi frente es pálida; mis trenzas de oro: Puedo brindarte dichas sin fin; Yo de ternura guardo un tesoro. —¿A mí me llamas?—No; no es á tí.

—Yo soy un sueño, un imposible, Vano fantasma de niebla y luz; Soy incorpórea, soy intangible; No puedo amarte.—¡Oh, ven; ven tú!

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La escena se construye como un diálogo íntimo. Primero habla una mujer morena, ardiente, símbolo de la pasión; luego una mujer pálida y rubia, dueña de ternura y promesas de felicidad. El yo lírico responde a las dos con el mismo rechazo: lo que ofrecen no es lo que busca. Solo cuando aparece una tercera voz —un sueño, un imposible, un fantasma de niebla y luz— el deseo cambia por completo. Esa figura no puede amarlo, porque es incorpórea e intangible; sin embargo, el hablante le suplica: «¡Oh, ven; ven tú!».

El poema crea una atmósfera de anhelo melancólico y frustración romántica. Frente al placer y la ternura posibles, el yo prefiere un ideal inalcanzable. Por eso la rima no habla de un amor concreto, sino del deseo que se alimenta de la imposibilidad.

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