La voz poética se dirige a un tú que apenas tiene cuerpo: bruma ligera, cinta de espuma, rumor de arpa, beso del aire, onda de luz. Esa figura se desvanece cada vez que intenta tocarla, como la llama, el sonido o la niebla. Frente a ella, el yo se presenta como puro deseo sin descanso: una ola en un mar sin playas, un cometa errante, un lamento del viento, un ansia perpetua de algo mejor. El amor se vuelve así una persecución incesante de una sombra, de una visión ardiente. El tono es melancólico y exaltado a la vez: hay belleza en lo fugitivo, pero también agotamiento y dolor. Se crea la sensación de que el ideal soñado es hermoso precisamente porque no se puede retener.
Rima XV — Resumen
Cendal flotante de leve bruma, Rizada cinta de blanca espuma, Rumor sonoro De arpa de oro, Beso del áura, onda de luz, Eso eres tú.
Tú, sombra aérea que, cuantas veces Voy á tocarte, te desvaneces Como la llama, como el sonido, Como la niebla, como el gemido Del lago azul.
En mar sin playas onda sonante, En el vacío cometa errante, Largo lamento Del ronco viento, Ansia perpetua de algo mejor, Eso soy yo.
¡Yo, que á tus ojos en mi agonía Los ojos vuelvo de noche y día; Yo, que incansable corro y demente Tras una sombra, tras la hija ardiente De una visión!