Desde la distancia, el hablante saluda a dos criaturas que vio en su niñez: un buey que exhalaba vaho bajo el sol nicaragüense y una paloma entre bosques sonoros. No son simples animales, sino imágenes de su propia vida. El buey pesado le devuelve la madrugada, la ordeña y aquella época en que su existencia era «toda blanca y rosada»: inocente, fresca, sin culpa. La paloma, arrulladora y montañera, resume toda la primavera pasada y, con ella, la sensación de plenitud del trópico. Hay una nostalgia serena, no amarga: el pasado aparece idealizado como un paraíso rural y luminoso. El tono es de gratitud y ternura; el hablante reconoce en esos recuerdos el origen de lo que es.
Allá lejos — Resumen
Buey que vi en mi niñez echando vaho un día Bajo el nicaragüense sol de encendidos oros En la hacienda fecunda, plena de la armonía Del trópico; paloma de los bosques sonoros. Del viento, de las hachas, de pájaros y toros Salvajes, yo os saludo, pues sois la vida mía. Pesado buey, tú evocas la dulce madrugada Que llamaba a la ordeña de la vaca lechera. Cuando era mi existencia toda blanca y rosada,
Y tú, paloma arrulladora y montañera, Significas en mi primavera pasada Todo lo que hay en la divina Primavera.