Amo, amas — Análisis del poema

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo el ser y con la tierra y con el cielo, con lo claro del sol y lo oscuro del lodo: Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida nos sea dura y larga y alta y llena de abismos, amar la inmensidad que es de amor encendida y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

Show the whole poemHide the poem

Aplicación Learn Poems

Prueba la app Learn Poems

Todo lo del entrenador web y más: nuevos ejercicios, grabación de voz y opción de compartir, recordatorios, repaso rápido.

Con solo ocho versos, Rubén Darío, voz mayor del modernismo hispanoamericano, convierte el amor en una orden sin límites. Incluido en *Cantos de vida y esperanza* (1905), «Amo, amas» no describe un sentimiento: lo reclama. El título ya conjuga el verbo en presente y en dos personas, *amo, amas*; el cuerpo del texto, en cambio, se lanza al infinitivo: *amar, amar, amar, amar*. Ese paso de la pareja al infinitivo es la clave: el amor no se queda en un tú y un yo, sino que se declara una fuerza total.

La primera estrofa construye esa totalidad con opuestos que se complementan. Se ama *con la tierra y con el cielo*, con *lo claro del sol y lo oscuro del lodo*. No se trata de elegir la luz contra la materia, sino de abrazar ambas orillas. La repetición de la preposición *con* sostiene el gesto acumulativo: amar recoge realidades contrarias sin rechazar ninguna. En los versos tercero y cuarto, el amor se vuelve conocimiento y deseo: *Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo*. La palabra *todo*, repetida, convierte cada término en un absoluto; el amor no admite la mitad.

La forma acompaña esa expansión. Son dos cuartetos con rima consonante ABAB: en la primera estrofa, *todo* y *lodo* enlazan lo concreto, mientras *cielo* y *anhelo* elevan la mirada; en la segunda, *vida* y *encendida* dialogan con *abismos* y *mismos*. El verso amplio deja respirar las enumeraciones, y el encabalgamiento entre *con todo* y *el ser* prolonga el abrazo más allá de la pausa del verso. La anáfora de *amar*, con su repetición casi de letanía, imprime un ritmo de insistencia: no se dice una vez, se dice cuatro.

El segundo cuarteto introduce el obstáculo sin romper el impulso. *Y cuando la montaña de la vida / nos sea dura y larga y alta y llena de abismos*: la montaña acumula adjetivos —dura, larga, alta, llena de abismos— y se vuelve una imagen física del cansancio. Frente a ella, la respuesta no es renunciar, sino llevar el mandato al extremo: *amar la inmensidad que es de amor encendida*. El adjetivo *encendida* transforma el cosmos en materia ardiente. El verbo final, *arder*, baja ese fuego al cuerpo: *en la fusión de nuestros pechos mismos*. Amor cósmico y amor corporal dejan de ser contrarios; arder en la fusión de los pechos es un acto íntimo y, a la vez, una participación en la inmensidad.

La significación de «Amo, amas» está en su capacidad de decir una idea inmensa con una forma breve y ardorosa. Darío no pinta un amor ideal e inalcanzable: incluye el lodo, el abismo, la ciencia y el anhelo. La insistencia del infinitivo suena menos a teoría que a conjuro, a una invitación a no separar el cuerpo de la inmensidad ni el deseo del conocimiento. Por eso estos ocho versos no necesitan anécdota ni paisaje externo: el paisaje es la propia palabra *amar*, repetida, encendida, total.

Read also

More by Rubén Darío

All poems
CheerfulRubén Darío

Filosofía

Saluda al sol, araña, no seas rencorosa. Da tus gracias a Dios, oh, sapo, pues que eres. El peludo cangrejo tiene espinas de rosa y los moluscos reminiscencias de mujeres.
DreamyRubén Darío

Yo persigo una forma

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, botón de pensamiento que busca ser la rosa; se anuncia con un beso que en mis labios se posa al abrazo imposible de la Venus de Milo.
InspiredRubén Darío

Walt Whitman

En su país de hierro vive el gran viejo, bello como un patriarca, sereno y santo. Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo, algo que impera y vence con noble encanto.